La vida no es algo lineal y plano; la vida es una suma de etapas.

Pensemos en una partitura. Con el tiempo aprendes a no menospreciar ninguno de sus compases… Hay silencios, síncopas… Aprendes que existen etapas que, como las notas, son blancas o negras, que otras son fusas y otras difusas…

No sobra ningún compás en tu partitura.

Cuando te coma el miedo, la soledad, o cuando no sepas si llegaste allí huyendo o buscando, recuerda que en esta melodía existen tempos que son moderados, otros que son allegro y otros que lloran adagios…Tú sólo has de cerrar los ojos, dejarte llevar y seguir bailando…

Recuerda que, si quieres, en la canción de tu vida tú tomas la batuta, y que el miedo no existe si tú estás contigo y el metrónomo no es otro que tu corazón…

Fuente: www.eluniversodelosencillo.com/



A veces tenemos que tomar vacaciones de nosotros mismos, desviarnos del camino sólo para retomar nuestras viejas pasiones, desempolvar lo que nos hace felices, dejar de preocuparnos, llenar el alma de esperanza y entonces … volver al camino.”


Mariani Sierra

Déjate sorprender



Los grandes regalos no suelen tener hueco en nuestra casa. Tenerlo supondría haber estado viviendo con un gran vacío mientras llega. Es por esto que muchas veces rompen y obligan a reorganizarlo todo. Y es por eso que mucha gente los desecha, porque aceptarlo supondría un fuerte cambio de planes. 

Las personas más especiales no van a aparecer en tu vida en una mañana soleada en la que todo está perfecto, quizás lo hagan en mitad de una noche de lluvia. Nunca es el momento perfecto para la tormenta perfecta. Nada es más difícil de encajar que dos vidas.

La salsa de la vida no son los sueños, ni las metas. Ni siquiera sus logros. La salsa de la vida son las sorpresas. Aunque parezca mentira, hay quien tiene sobre la mesa un regalo envuelto y no lo abre. “¿Para qué?… si no necesito nada”, “tendré que devolverlo…”, “no lo merezco”, etc. Pero los regalos no se merecen, se dan, se reciben y se abren… pero no se merecen. Muchas veces, de hecho, los regalos son injustos y caen en manos de quien solo merece carbón, pero precisamente por eso son regalos, porque son una nueva oportunidad para darle a nuestra vida un rumbo diferente. 

¿Por qué controlarlo todo? ¿Por qué vivir anticipando? Es cierto que saber lo que se quiere y dónde se va son pilares indispensables para adueñarse de uno mismo y caminar sin dar rodeos. Sin embargo, en todo intento de control y dirección de nuestra existencia debe haber un espacio para acabar a la deriva. Un espacio para la magia, el misterio y las sorpresas. Como los pájaros: momentos de aleteo voluntario seguidos de momentos en que cerrar los ojos, abrir las alas y planear. 

La verdadera riqueza no está solo en rodearte de aquello que encaja a la perfección con tus gustos, tus hábitos o tus preferencias. Todo aquel que se aferra a un catálogo pierde más de lo que gana, pues en un mundo tan rico nunca una lista incluirá más cosas que las que deja fuera. La verdadera riqueza está en saber cuándo tomar el control y cuándo soltar el volante, apagar el GPS, dejarse llevar y llenar tu vida con unas pizcas de alboroto. Enriquecerse no consiste en poner el mundo a nuestro servicio para que encaje, sino en estar dispuestos nosotros también a ponernos al servicio del mundo, ser unas veces pie y otras zapato. 

“El amor muchas veces empieza en acojone, es su forma de decir “aquí has de buscar””. 

Presumimos con demasiada facilidad de que nos gustan las aventuras. Pensamos que una aventura es subirse a un avión, saltar por un paracaídas y compartir la foto, pero a pesar de ser una experiencia excitante, le falta el toque más importante de una aventura: la incertidumbre. A fin de cuentas, cuando saltas, sabes que lo más probable es que vuelvas a tocar la tierra de la que partiste. Ahí acaba todo. Sin embargo, en las auténticas aventuras el final está abierto. La valentía está en atreverse a no volver, aunque al final acabes tomando el camino de regreso, porque no importa que vuelvas tanto como que fueras con la intención de entregarte al momento y sin retrovisor. Las mejores historias no compran billete de ida y vuelta. Vuelvas o no. 

Asusta mucho dejar de hacer lo que siempre has hecho y reconocer que hay una chica o un chico que te encanta para quien no estabas preparado. El amor muchas veces empieza en acojone, es su forma de decir “aquí has de buscar”. Pero en un mundo de perfeccionismo y exigencias nada apetece más que quedarse en casa debajo de la sábana. Es la zona más segura y da miedo abandonar tu estado habitual. Por eso el amor hace a veces temblar, porque amar es crecer y porque crecer requiere abrirse a la zona de inconfort.

Poder decirle a alguien “nunca conocí a nadie como tú” es objetivo y peaje. Objetivo porque nadie debería estar con alguien que, en cierto modo, no de la vuelta a su mundo y le cambie su forma de mirar, y peaje porque todo nuevo mapa asusta. 

“Uno no ve un diamante y sigue caminando”. 

Ve o no vayas, pero si te quedas que sea porque donde estás lo amas, no porque donde pudiste ir lo temes. No existe una buena vida y una mala, o, mejor dicho, no hay una sola fórmula para vivir felizmente. No se trata de vivir soltero, en pareja o alternando, sino de elegir lo que queremos con la total libertad que solo otorga haberse atrevido a probar con plena atención, no con un pie en la orilla y otro en el agua, sino con los dos a la vez y de un salto. Prueba, conoce, pero a corazón abierto,(recuerda, como los valientes: de un salto y sin retrovisor), y una vez lo hayas hecho, elige, pero que no decida tu vida ni el miedo a lo nuevo ni el amor a lo seguro, pues si de algo son enemigos el miedo y la seguridad es del crecimiento. 

Nadie realmente genial va a aparecer en el momento que tú esperas. Ella no lo va a hacer. Él no lo va a hacer. Aparecerá cuando estés despeinado, cuando simplemente buscabas paz, cuando “solo ibas a sacar al perro” o cuando “una copa y nos vamos”. ¿Qué vas a decirle entonces? “¿No, perdona, es que el martes me toca leer el nuevo artículo de El universo de lo sencillo?”. Uno no ve un diamante y sigue caminando. Ojalá llegue un martes en que no estés por aquí porque alguien ha roto tus planes. Ojalá te eche de menos porque estés improvisando. 

Déjate sorprender, atrévete a probar y decide después. 


8-09-15 
Fuente: www.eluniversodelosencillo.com/



Carta de un padre a su hija
25 de diciembre de 1966

Pronto será navidad y una vez más tengo el mismo problema: no se qué regalarte. Yo sé que te interesan muchas cosas: libros, juegos, vestidos.

Pero quiero regalarte algo que se quede contigo mucho tiempo, mucho mas que lo normal. Algo que te haga recordarme cada navidad.

Y creo que sé qué quiero darte. Una simple verdad, que para mí no fue evidente desde el principio, y si tu la entiendes ahora, ella mejorará tu vida muchas veces. Y no tendrás que enfrentar problemas que afectan a las personas que nunca la han escuchado.

Es muy sencillo: Nadie te debe nada.

¿Qué significa eso?

¿Cómo puede ser que una afirmación tan sencilla pueda ser importante? Es posible que por ahora no te lo parezca así, pero literalmente, te salvará la vida. Nadie vive por ti, hija mía. Porque tú eres tú, y nadie más. Cada uno vive por si mismo y por su felicidad, y cuanto antes lo entiendas, te será mas fácil librarte de la expectativa de que alguien te haga feliz.

Significa que nadie está obligado a quererte. Y si alguien te quiere, es porque en ti hay algo especial que lo hace feliz. Intenta entender qué es eso tan especial y refuérzalo para que te quieran más. Y si la gente hace algo por ti, es porque así lo quieren; quiere decir que por alguna razón tú eres valiosa para ellos y quieren complacerte, pero no porque alguien te deba algo porque si, sin razón.

Eso supone que nadie tiene la obligación de respetarte. Y algunas personas no te tratarán bien, pero tan pronto como entiendas que la gente no está obligada a tratarte bien, aprenderás a evitar relacionarte con quien pueda herirte. Y sí, tu tampoco les debes nada.

Y otra vez, nadie te debe nada.

Debes ser cada día mejor solo para ti misma, y en ese caso otros querrán estar cerca de ti, y querrán apoyarte y compartir contigo lo que sea necesario. Si alguien no quiere estar contigo, el problema no serás tú; si eso ocurre, busca relaciones que tú quieras, no permitas que un problema ajeno sea tuyo también.

Cuando entiendas que el respeto y el amor de quienes te rodean hay que ganárselo, nunca más vas a esperar lo imposible y no vas a sentirte decepcionada. Los demás no están obligados a compartir contigo sus sentimientos ni pensamientos, y si lo hacen eso quiere decir que tú lo mereces; eso significa que tienes razones para sentirte orgullosa del amor que recibes, el respeto de tus amigos y todo lo que te has ganado. Pero no lo tomes por sentado, como algo que debe ser así, porque puedes fácilmente perderlo todo, nada es tuyo por derecho, todo eso hay que ganárselo.

Mi experiencia.

Sentí que tenía una piedra saliendo de mi pecho cuando entendí que nadie me debe nada. Hasta ese momento yo pensaba que eso no era asi, y desperdiciaba mucha energía cuando no obtenía lo que quería.

Nadie está obligado a respetarme, a ser mi amigo, a amarme o a hacerme progresar. Al final mis relaciones interpersonales mejoraron porque aprendí a estar con las personas con quienes quiero estar, y hacer sólo lo que quiero hacer.

El entender esto me abrio las puertas para nuevas amistades, relaciones de negocios, clientes potenciales y dejó entrar a mi vida nuevas personas a quienes ahora amo. Saber esta verdad siempre me recuerda que puedo recibir lo que deseo solo si logro llegar hasta la otra persona. Debo entender lo que el otro siente, qué quiere y qué es importante para él; y sólo en ese momento puedo entender si quiero o no relacionarme con esa persona.

No es tan facil explicar en dos palabras lo que tuve que descubrir y aprender en años, pero puede ser que tu vuelvas a leer esta carta cada navidad y su sentido sea para ti cada vez mas claro.

Espero que así sea porque en realidad necesitas entender cuanto antes que nadie te debe nada.


28 de junio de 2015


Hace mucho tiempo que no escribo en el blog, al menos no como antes lo hacía. Empiezo a echar de menos esta forma de expresarme, aquellas palabras traídas con el viento, el viento de la emoción, aquél que giraba alrededor de mi sentido.
Esta noche vuelvo, y es el recuerdo el que hasta aquí me acerca. Hoy, 5 años sin ti, 5 años sin tu roce, tus palabras, tus consejos, tu calor. Una eternidad. Cuánta falta me haces... estrella que desde donde estás siempre me cuidas.